17 de diciembre de 2014

Se tomaron de la mano Gabriel y Andrea, como un acto de reflejo al estar sentados en la parte trasera del taxi, mientras veía cada quien por su ventana. Después de un par de años y de compartir el taxi hacia el trabajo ya tenían un par de conductores conocidos y en este caso era Javier el que haría la corrida esa mañana para el matrimonio, no era coincidencia, él intentaba pasar por ahí a la misma hora los días hábiles, sabía que era trabajo seguro. Sólo los vio por el retrovisor y pregunto ¿A dónde siempre? sabiendo de antemano la respuesta.


Navegando por las calles de la ciudad, con la radio encendida escuchando una estación con música regional, la favorita de Javier había tenido la oportunidad de subir a muchas personas después de 5 años siendo taxista las cuales algunas le dejaban con historias que contar a sus hijos y su esposa pero después de llevar a Gabriel y Andrea a sus trabajos, al menos dos veces a la semana por los últimos 2 años, esta pareja nunca le había dejado alguna anécdota. Hablan poco, más como si pareciera una lista de pendientes que una verdadera conversación, en realidad sabía sus nombres por alguna vez que los mencionaron y estaba convencido que ellos no sabían el nombre de él a pesar de llevarlos al trabajo varias veces al mes y cuando no había nada de que hablar siempre miraban por su respectiva ventana, pero eso sí, Javier no recuerda un día en que no estuvieran tomándose de las manos en algún momento del viaje.


La primera parada era con Gabriel, todo recurrió normal, se despidieron con un beso y un te llamo en la hora de la comida más como protocolo que por ganas de seguir la conversación inexistente que hubo en el taxi. Al estar Andrea sola en el taxi con él la volvía la más social de la pareja, pero fuera de un comentario sobre el clima, de alguna noticia importante o algo que viera en la calle mientras Javier la transportaba no había mucha conversación. La ocasión que compartieron palabras más personales fue cuando recién había nacido su tercer hijo, la menor de apenas año y medio, y usando ese pretexto le preguntó a Andrea si ellos eran padres a lo que simplemente respondió no, ninguno de los dos queremos tener hijos, nunca más Javier volvió hablar del tema.


Al arrancar para el siguiente destino volvió a preguntar, por mera cortesía ¿A dónde siempre? Pero para su sorpresa Andrea le respondió que no y en lugar de decirle su destino solamente se molesto en decirle por donde ir, guiándolo calle a calle indicándole donde dar vuelta cuando tenía que hacerlo. Javier pensó que por fin esta pareja le daría una historia que contar.


Pensó en todo ¿la llevaría a un hotel a verse con su amante? ¿a la casa del tipo? Tal vez sólo iba a desayunar con algunas amigas o con algún médico particular ya que podría estar enferma, llego a pensar que a alguna clínica ilegal de aborto, recordando en que ellos no querían tener hijos. Las opciones eran infinitas pero su emoción e intriga por lo que pasaría era grande, enorme, era la sensación como cuando se suben parejas discutiendo e intenta ligar los cabos con la poca información que llega a recolectar durante el viaje, eso era su gusto culposo.


Unos 15 minutos después fue cuando por fin le dijo que parará se dio cuenta que era otro edificio de oficinas ¿Irá a ver a su amante en el trabajo de él?Pensaba Javier junto con otras tantas posibilidades. Andrea saco su cartera del bolso y mientras sacaba el dinero para pagarle le comento ahora estaré trabajando aquí, nos cambiamos de oficina así que espero haya aprendido la ruta para los siguientes viajes, se bajo del taxi y de metió al edificio.


Al final resultaron ser muy aburridos pensaba Javier mientras arrancaba el taxi buscando la siguiente corrida del día. No le gustó ese final de historia, así que se quedó pensando en que, en efecto, Andrea iba a buscar aventuras extra maritales.

13 de diciembre de 2014

lecciones de vida.

Hasta ahora sólo he cometido tres errores de los cuales me arrepiento.


El primero fue que, de más chico, quería con tantas ganas comprar unas cosas por Internet y no tenía el dinero, así que usé la tarjeta de crédito de mi mamá para comprarlo. Como no planeé que pasaría cuando llegaran las cosas no pensé en que excusa usar así que al final tuve que confesar.


El segundo fue mentirle a una novia que tuve hace años sobre la cantidad de mis parejas sexuales previas a ella, fue una onda de que pensé que era lo que ella quería escuchar y cuando le conté la verdad fue el inicio del fin, los siguientes dos meses la relación se fue en picada y múltiples intentos de recuperar lo que teníamos fue en vano.


El tercero y más importante fue no decirle a mi padre en vida lo importante que era para mi y cuanto lo quería y apreciaba. Me tomó un par de años después de que falleciera para darme cuenta que todas esas lecciones de vida que me daba y que yo renegaba por ser un adolescente tenían una razón. Cuanta razón tenia el viejo, cuanta razón tenía.


El primer error me enseño a ser realista conmigo mismo, no querer o pretender vivir una fantasía en la que no encajaba pero utilizar ese deseo de querer y transformarlo en algo que me impulsara a alcanzar lo que quisiera, que se volviera mi motivación. Con esto indirectamente aprendí al valor de las cosas y que el ganártelas le da un mejor sabor, el premio al final de la jornada. Disfrutar de pequeñas cosas, pero ganadas por ti mismo se ha vuelto una sensación adictiva y aun más la de planear que hacer o que realizar para poder adquirir eso que ahora no puedo comprar. Llegue, de una manera u otra, aprender a disfrutar el trabajo y la planificación del futuro.


El segundo me enseño a ser honesto, a que no ganas nada dándole a la gente por su lado y que el fin a veces no justifica los medios pues nunca podremos estar seguros de que mentir podrá hacer sentir mejor a otra persona. No podemos cambiar nuestro pasado, así que debemos estar con una persona que a pesar de ese pasado quiera estar contigo en el futuro. También entendí que para que una relación funcione se necesitan tres cosas solamente: Confianza, Lealtad y Sexo. Sin ningún orden en lo particular o mayor importancia una sobre la otra, estos son los tres pilares que mantienen una relación estable y cuando uno de ellos se pierde, la estructura no va a soportar el peso y se derrumba. Dejémonos de tapujos, el sexo es de los placeres que más disfrutamos.


A costa del tercero aprendí a no guardarme nada ni esperar al futuro para decir las cosas porque, tal vez, ese futuro no llegue. A veces pensamos que las cosas que sentimos están implícitas en nuestras acciones y aunque hay personas que se empeñan en decir que los sentimientos se demuestran y no sólo se dicen nunca está de más de vez en cuando decirle a tus padres, a tu familia, a tus amigos o a tu pareja lo cuanto que los aprecias y amas. Esto suena en exceso meloso pero lo agradecerás en el futuro cuando ya no puedas hacerlo. Comprendí en que no somos eternos y que la vida es demasiado corta para no hacer las cosas que te apasionan y si puedes hacer que eso sea tu estilo de vida y tu fuente de ingreso aprovecha la oportunidad. Carpe Omnia.


A pesar de estas lecciones me sigo arrepintiendo, pero una vez me dijeron que la vida se trata de tomar decisiones y aprender a vivir con sus consecuencias.