20 de enero de 2015

El derecho a cachetear y ser cacheteado


Nunca voy a olvidar la primera vez que recibí una cachetada llena de odio de parte de una mujer. Aun era estudiante universitario, en mis primeros semestres en realidad, era la era pre-WhatsApp, pre-Twitter, pre-Facebook y redes sociales en general, vivíamos más libres y era mucho más fácil ser discreto… pero eso no significaba que no te iban a cachar de doble agente.

Precisamente este incidente es el que tomo de referencia para no entender como salen bien librados los que tienen varias pompis en turno, las logísticas no están a tu favor y a menos que una de las pompis esté de acuerdo con que tengas otras en tu banca (siempre y cuando ella sea la titular) no he encontrado una manera de que sea exitoso.


Lo que más me gustaba de ser estudiante era el tiempo libre y poder utilizarlo más libremente por lo que te podáis dar ciertos lujos, el mío un fin de semana fue salir temprano con una morra y en la noche con otra, según yo las logísticas eran impecables pero no conté que, aun en la era pre-redes sociales muchos salíamos el fin de semana a la misma zona: Barrio Antiguo.


Con la primera fue comer y pasear un poco e inventar una excusa para terminar nuestra cita e irme a casa a bañarme y plancharme para ir con una segunda al Barrio Antiguo y pasó lo que tenía que pasar, me encontré con la primera. En mi defensa, la primera me gustaba mucho, bastante en realidad, por eso salí con ella de día. La segunda sabía que si esa noche no soltaba prenda difícilmente volvería a salir con ella. Esa noche mate dos piedras con un solo pájaro y regresé al departamento solo.


Estaba en “El Zócalo” de Barrio Antiguo, que recordaremos era una parte donde se juntaban varios antros y mientras decidíamos a cual entrar alguien se me acercó y me toco el hombro, volteé a ver y era la primera, me dijo en tono inquisidor la excusa que le había dado (la cual no recuerdo) y mi vacilación al contestar fue respondida con una cachetada llena de odio, tal vez decepción. Nunca supe si a esa chava le gustaba tanto como a mi me gustaba ella, pero lo que estoy convencido es que después de eso jamás me volvió a dirigir la palabra y al final pasó lo que termina pasando, los dos salimos de nuestros mutuos radares.


Evidentemente la segunda pensó que fue mi novia la que se acercó y que ella era una pompi de banca así que también hizo un pancho, no me cacheteó pero me dejó solo en “El Zócalo”. Regresé al departamento derrotado y con la moral destruida, mi confianza cayó por los suelos y tuve crisis existencial un par de semanas, comencé a fumar acostado en el suelo del balcón escuchando “Champagne Supernova” sin ninguna razón aparente durante un par de días hasta que mi roommate de aquel entonces me hizo entrar en razón y empecé a hacerlo adentro del departamento.


Eso fue hace 7 años aproximadamente y creo que es la razón por la cual las cachetadas siguientes que he recibido de mujeres durante lo que va de mi vida las termino aceptando con un extraño gusto y jocoso placer, de cierta manera me hace recordad a esa primera chava cuya historia pudo haber sido y no fue.

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