27 de abril de 2013

Braid

2. Tiempo y perdón

Tim ha emprendido una búsqueda para rescatar a la princesa. Ha sido secuestrada por un monstruo horrible y malvado. Sucedió porque Tim cometió un error. 
No solo uno. Cometió muchos errores mientras estuvieron juntos, hace muchos años. Los recuerdos confusos, han cambiado por completo, salvo uno: la princesa alejándose de él y su trenza azotándole con desprecio. 
Él sabe que ella intento ser comprensiva. ¿Pero quién puede ignorar una mentira culpable, una puñalada trapera? Ese error cambiara la relación sin remedio, incluso si hemos aprendido de los errores y no los volveremos a repetir. 
Los ojos de la Princesa se estrecharon. Se volvió más distante. Nuestro mundo, con sus reglas de casualidad, nos ha enseñado a no ser generosos: si perdonamos con facilidad, podemos acabar malheridos. Si hemos aprendido de un error, y gracias a eso somos mejores compañeros, ¿No deberían recompensarnos por lo aprendido, en lugar de castigarnos por nuestro error? ¿Y si nuestro mundo funcionara de otra manera? Supón que pudiéramos decirle: “No sentía lo que acabo de decir”, y ella diría: “No importa, lo comprendo”, y no se alejara, y la vida continuara su curso como si nunca hubiéramos dicho esas cosas. Podríamos eliminar el daño y, aun así, aprender del error. 
Tim y la princesa descansan en el jardín del castillo, se ríen, ponen nombres a los pájaros de vivos colores. Se ocultan los errores el uno al otro, los guardan entre los pliegues del tiempo a salvo 
 
3. Tiempo y misterio

Hace muchos años Tim dejo atrás a la princesa. La beso en el cuello, recogió su bolsa de viaje y salió caminando por la puerta. En cierto modo se arrepiente de eso. Ahora ha emprendido un viaje para encontrarla, y mostrarle lo triste que fue pero también lo bueno que fue. 
Durante mucho tiempo su relación había sido feliz. Él había sido sobré protector, repelía sus errores antes de que tocasen a la princesa. Asimismo, controlando estrictamente sus errores, ella siempre le complacía. 
Pero estar completamente protegido en la comodidad de un amigo es un modo de existencia con graves implicaciones. Para complacerte perfectamente, ella debe comprenderte perfectamente. Así, tú no puedes desafiar sus expectativas ni huir de ella. Su bondad te ha rodeado, y los logros de tu vida irán más allá del mapa que ella ha dibujado. 
Tim necesitaba que no pudieran manipularle. Necesitaba una esperanza de trascendencia. A veces, necesitaba ser inmune al contacto cariñoso de la princesa. 
En la distancia, Tim veía un castillo donde las banderas ondeaban incluso sin viento y el pan de la cocina siempre estaba caliente. Algo de magia. 
 
4. Tiempo y lugar

En una visita a casa de sus padres, para una comida festiva, Tim de sintió como si hubiese regresado a aquellos años pasados en los que vivía bajo su techo, oprimido por su insistencia en conservar extraños valores que para el carecían de significado. 
En aquellos tiempos las discusiones estallaban sobre las gotas de salsa derramadas en el mantel. Para escapar, Tim paseo en el aire frío hacia la universidad a la que fue tras dejar la casa de sus padres. Mientras se alejaba de esa casa problemática, sintió como la vergüenza de la infancia se difuminaba en el pasado. Pero ahora se adentraba entre todas las inseguridades que había sentido en la universidad, el pánico de caminar en la cuerda floja de la sociedad. 
Tim solamente se sintió aliviado cuando termino la visita, de vuelta a su hogar presente, e inmerso en el contraste: veía cuánto había mejorado desde aquellos días. Esta mejora le acerca cada día más a la princesa. Si existe-¡tiene que existir!- les transformará a él y a todo el mundo. 
En su viaje sintió que cada lugar agita una emoción, y cada emoción trae un recuerdo: un momento y un lugar. ¿Por qué no podía encontrar a la princesa, esa misma noche, simplemente vagando de lugar en lugar y atendiendo a sus sentimientos? Un reguero de sentimientos, de profunda emoción e inspiración, debía conducirle a ese castillo, en el futuro: rodeado por sus brazos, el olor de su perfume le llena de excitación, crea un momento tan intenso que puede recordarlo en el pasado. 
Inmediatamente Tim salió por la puerta, a la mañana siguiente, hacia aquellos que el nuevo día le tuviera reservado. Sentía algo parecido al optimismo. 
 
5. Tiempo y decisión

Ella nunca comprendió los impulsos por los que se movía, nunca percibió bien la intensidad que, con el tiempo, trazo surcos en su rostro. Nunca estuvo tan unida a él; aunque él pensara que sí y le susurrara al oído palabras que únicamente un alma gemela debería escuchar. 
Al final de la cena ambos sabían que había llegado el momento. El habría dicho: “Tengo que encontrar a la Princesa”, pero no fue necesario. Con un beso final, la bolsa de viaje colgando de su hombro, salió por la puerta. En todas las noches que siguieron, ella no dejo de amarle, como si se hubiera quedado para reconfortarla y protegerla ¡Maldita princesa! 
 
6. Duda

Quizá en un mundo perfecto el anillo sería un símbolo de felicidad. Es un signo de devoción eterna: incluso si nunca encuentra a la princesa, lo seguiría intentando por siempre seguiría llevando el anillo. Pero el anillo revela su presencia. 
Su brillo es para los demás como una señal de advertencia. La gente duda al acercarse. Sospecha, desconfianza. Cualquier contacto humano se arruina antes de que Tim pudiera abrir la boca. 
Con el tiempo aprende a ser cauto al relacionarse con los demás, se acomoda a su ritmo indeciso, atraviesa sus defensas de manera sutil. Pero esto le agota y solamente funciona hasta cierto punto. No le da lo que necesita Tim comienza a oculta el anillo en su bolsillo. Pero a duras penas puede soportarlo: esa parte de si, oculta por largo tiempo, puede asfixiarle. 
 
1.

En un café de una luminosa plaza la mayoría de los clientes se relajan y disfrutan del calor del sol y de sus bebidas frías. Pero no Tim: el apenas nota el sol, no saborea su café. Para el, este rincón le ofrece una buena vista de la ciudad, y en el movimiento de la gente al pasar, en el arco de la mando dependienta que muestra el té a un caballero interesado, Tim espera encontrar pistas. 
Esa noche, en el cine, aventureros de ficción cruzan la pantalla de formas poco creíbles. El público es variado. Algunos son clientes habituales del café, ahora sentados con emoción en los asientos de felpa, en busca de un nuevo sabor que les distraiga del aburrimiento de sus fáciles vidas. En otros asientos, pescadores y granjeros esperan olvidar sus duros trabajos y descansar sus manos. 
Tim también está aquí, pero examina el brillo de los labios que hay en la pantalla, mide el ángulo de la columna de humo de un accidente de helicóptero lejano. Cree que ha descubierto un mensaje; cuando el cine cierra, la mayoría del público cruza la plaza y camina hacia el sur, pero Tim se dirige al norte. 
La gente como Tim parece vivir de forma contraria a los demás habitantes de la ciudad. Flujo y reflujo. Uno contra el otro. 
Lo que Tim quiere, por encima de todo, es encontrar a la princesa. Conocerla por fin. Esto sería trascendental para él, con el brillo de una luz intensa que envuelve al mundo, una luz que revela los secretos largo tiempo ocultos a nuestros ojos, que ilumina-¡o materializa!- un último palacio en donde podemos vivir en paz. 
¿Pero cómo podrían percibirlo los demás habitantes de la ciudad, en un mundo que va contracorriente? La luz seria intensa y la calidad al principio, pero, después, un parpadeo y la nada, llevándose consigo el castillo; sería como reducir a cenizas el lugar que siempre hemos llamado hogar, donde jugábamos inocentes en nuestra infancia. La destrucción de toda esperanza de seguridad, para siempre. 
 
Epilogo

1. El chico llamo a la chica para que le siguiese, y tomo su mano. Él la protegería, saldrían de este castillo opresor y combatirían a los malvados enemigos hechos de humo y duda, escapando a una vida de libertad y unión. 
El chico quería proteger a la chica. Tomo su mano, o coloco su brazo alrededor de sus hombros mientras paseaban, para que sintiese su apoyo y su cercanía entre el gentío impersonal de Manhattan. Giraron y caminaron hacia la estación de metro de Canal St., mientras escogía una ruta entre los empujones de la multitud. 
2. Su brazo era un gran peso sobre sus hombros, una opresión en su cuello. “Me agobias con tu ridícula necesidad”, dijo ella. O dijo: “Vas en la dirección equivocada y me arrastras contigo”. En otro tiempo, en otro lugar: “Deja de tirarme del brazo, ¡me haces daño!” 
3. Utilizo su regla y su compás. Infirió. Dedujo. Analizo la caída de una manzana, el giro de las esferas metálicas colgadas de un hilo. Buscaba a la princesa y no se detendría hasta encontrarla, porque estaba hambriento. Disecciono ratas para examinar sus cerebros, implanto barras de tungsteno en los cráneos de monos muertos de sed. 
4. Como una aparición, se plantó frente a él y lo miro a los ojos. “Estoy aquí” dijo. “Estoy aquí. Quiero tocarte. ¡Mírame!”, le suplico. Pero no importaba: él no la veía. Él solo sabía mirar la superficie de las cosas.  
5. Analizo la caída de una manzana, el giro de las esferas metálicas colgadas de un hilo. Gracias a estas pistas encontraría a la Princesa, vería su cara. 
Tras una noche de jugueteo ardiente, él se arrodillo tras un bunker en el desierto; tomo un trozo de cristal de soldador ante sus ojos y espero. En ese momento la eternidad se suspendió. El tiempo se detuvo. El espacio se redujo a un ínfimo punto. Era como si la Tierra se abriera y los cielos desgarran. Se sintió como si estuviese asistiendo al nacimiento del mundo. Alguien cerca dijo: “funciono”. Alguien más exclamo: “ahora todos somos unos hijos de perra”. 
6. Permaneció de pie, alta y majestuosa. Irradiaba furia. Grito “¿Quién me ha molestado?” pero cuando la ira desapareció vino la tristeza; soltó el aliento lentamente, cual suspiro, como cenizas flotando delicadamente en el viento. Su razón no llegaba a entender por qué él había decidido coquetear así con la muerte del mundo. 
7. La tienda de caramelos. Todo lo que quería estaba al otro lado de ese cristal. La tienda estaba decorada con vivos colores, y los olores que emanaba le volvían loco. Intento alcanzar la puerta, o acercarse al cristal, pero no pudo. Ella se lo impedía con gran fuerza. ¿Por qué lo haría? ¿Cómo lograría librarse de su abrazo? Pensó en usar la violencia. 
8. Habían estado allí antes, en sus paseos diarios. A ella no le importaban sus gritos ni sus chillidos, ni que tirase con fuerza de su trenza para hacerla parar. Él era demasiado pequeño para comprender. 
Ella lo alzo en sus brazos y lo abrazo: “No, cariño”, dijo. Estaba temblando. Siguió su mirada hacia los dulces y regalos recostados sobre almohadas tras el cristal: la chocolatina el monopolo magnético, del Los objetos proceden de la información y el Cálculo ético; y tantas otras cosas, muy en el interior. “Quizás cuando seas mayor cariño”, susurro. Luego, lo dejo en el suelo y se dirigieron a casa. “Quizás cuando seas mayor” A partir de entonces, todos los días, igual que antes, lo llevaba de paseo frente a la tienda de caramelos. 
9. No puedo decir que lo haya comprendido todo. Probablemente, ahora está más confuso que nunca. Pero todos esos momentos que ha contemplado… algo ha sucedido. Los momentos parecen cosas físicas en su mente, como piedras. Al arrodillarse, acercándose a la más cercana, pasando su mano por ella, descubre que es suave y está ligeramente fría. 
10. Comprueba el peso de la piedra; ve que puede levantarla, y también las otras. Puede colocarlas juntas para crear unos cimientos, un dique, un castillo. 
11. Para construir un castillo del tamaño adecuado necesitara muchas piedras. Pero con lo que tiene ya, parece un comienzo aceptable.

Nunca terminé de contar esta historia. Gran cuento y maravilloso juego también.

No hay comentarios:

Publicar un comentario